La noche ha caído sobre la ciudad, envolviéndola en una calma engañosa.
Henry conduce por las avenidas iluminadas, con los nudillos blancos de tanto apretar el volante.
No ha dormido desde que habló con Alexander. La conversación lo dejó devastado, con la garganta quemando y el corazón desgarrado.
Pero hay algo más que necesita hacer, una última conversación que lleva días postergando. Tiene que verla. Necesita verla.
Detiene el coche frente al edificio de Valentina y sube con pasos firmes,