El reloj marca las 3:47 de la madrugada cuando el teléfono de Javier Calderón vibra sobre la mesa de roble macizo de su estudio.
A esa hora, cualquier mensaje puede significar una tragedia. Se incorpora con un presentimiento oscuro, la corbata floja y las ojeras marcadas.
Al desbloquear el dispositivo, encuentra un correo electrónico anónimo con un solo archivo adjunto y una breve frase: "Tienes que ver esto antes de que sea tarde".
Javier abre el archivo. Es una grabación de voz distorsionad