Camille camina de un lado a otro frente a la enorme chimenea, las fotografías extendidas sobre la cama detrás de ella, como si cada imagen fuera un clavo ardiendo en su espalda.
Su mente trabaja a toda velocidad, hilando posibilidades, riesgos, oportunidades.
No basta con separarlos.
No basta con hacerla sufrir.
Tiene que destruirla.
Destruir la imagen que Alexander tiene de Isabella.
Destruir la idea de una familia perfecta.
Destruir la confianza.
Con movimientos precisos, toma su telé