Emily
El gel frío sobre mi vientre me provocó un escalofrío. Respiré hondo mientras la doctora Ramírez deslizaba el transductor sobre mi piel estirada. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz azulada de la pantalla que pronto nos mostraría a nuestros hijos.
—Vamos a ver cómo están estos pequeños —dijo la doctora con una sonrisa cálida.
Sentí la mano de Christopher entrelazarse con la mía. Sus dedos, firmes y cálidos, me anclaban a la realidad cuando todo parecía flotar en un