El primer trote fue tímido. Natália se agarró con fuerza, sintiendo cada movimiento del animal, cada balanceo del cuerpo, mientras la sensación de libertad crecía en su interior. El viento le azotaba el rostro, trayendo el olor de la tierra húmeda, del heno y de la hierba, lo que le traía recuerdos de su infancia y adolescencia en el interior de Espírito Santo.
A lo lejos, pastos interminables se extendían bajo el cielo azul, y Natália pudo ver a los bueyes pastando, a los caballos en los corra