El sol brillaba con fuerza sobre la pista privada de la Finca Santa María, tiñendo el aire de un suave tono dorado. Natália estaba junto a Fernando, observando el horizonte, cuando un punto plateado apareció en el cielo.
Por fin, su familia estaba llegando.
El avión aterrizó con elegancia. En cuanto se abrió la puerta, una silueta familiar apareció en lo alto de la escalera. Era su madre.
Amália bajó apresuradamente y, apenas tocó el suelo, abrió los brazos.
—¡Mi niña! —exclamó, abrazándola co