La finca dormía.
Las risas y el sonido de la viola habían dado paso al profundo silencio de la madrugada. La luna, alta en el cielo, derramaba una luz fría sobre los jardines y el lago.
Natalia estaba despierta, sentada al borde de la cama, aún con el vestido de la cena, acariciando el broche. Las palabras de Fernando resonaban en su mente, mezcladas con el recuerdo de las miradas de su madre y su hermana, tan llenas de admiración… y de engaño.
Se levantó lentamente y salió de la habitación, t