El salón principal de la Finca Santa María estaba iluminado por lámparas de cristal que proyectaban reflejos dorados sobre la mesa alargada y exquisitamente puesta. El aroma del jazmín y de las velas se mezclaba con el perfume de la comida recién servida.
Natalia bajó las escaleras con discreta elegancia; el vestido azul resaltaba sus ojos y el brillo contenido de quien intentaba parecer tranquila. Aquella noche llevaba el broche que Fernando le había regalado. A su lado, Laís se maravillaba co