Javier se despertó prácticamente con la almohada pegada en la cara. El peso de la noche anterior aún lo envolvía, y el ambiente era distinto al habitual. Se giró y dirigió la mirada al ventanal, percatándose de inmediato de un hecho desconcertante: no estaba en su casa, sino en la de sus padres. Este descubrimiento añadió una capa de confusión a su despertar.
Con un suspiro profundo y prolongado, Javier intentó despejar la mente, frotándose los ojos con la mano. Poco a poco, los recuerdos de lo