Samantha y Martín entraron bromeando y riendo, dejando claro el buen humor que compartían tras una noche memorable. Al llegar, se encontraron con Damián, quien los esperaba en el pasillo con los brazos cruzados, simulando estar enfadado.
—¿Estás son horas de llegar? —dijo frunciendo el ceño—. Poco responsable lo suyo doctor Santamaría. Si usted quiere la mano de mi niña, tendrá que comportarse y traerla a horario.
Ante el comentario, la pareja no pudo evitar reírse, aunque la situación le provo