Javier no había podido pegar un ojo en toda la noche. A pesar de tomar algo para conciliar el sueño, le había sido imposible hacerlo. Nada parecía aliviar el peso que sentía en su interior; la culpa y la angustia le carcomían el alma y no encontraba paz ni consuelo.
Su mente, nublada y confusa, no le permitía entender por completo todo lo que le sucedía. Se sentía desbordado por sus propias emociones, incapaz de manejarlas o de ordenarlas. La sensación de estar perdido dentro de sí mismo le aco