Samantha aun trataba de procesar todo lo que Braulio le acababa de decir. Con cada minuto que pasaba menos entendía a Javier.
—Pensar en esto es una pérdida de tiempo —murmuró, cerrando la carpeta con un golpe seco—. No debería darle tanta importancia a lo que dice Braulio. Siempre va a pintar a Javier como un santo con tal de hacerme cambiar de opinión. Por ahí el mismísimo Javier lo mandó a repetirle el discurso de siempre. Lo conozco demasiado bien: algo debe estar tramando. Pero si cree que voy a caer en sus viejas mañas, está soñando.
La herida seguía abierta, y el rencor seguía dominando todo. Era eso lo que hablaba por ella. Era eso lo que la sostenía.
Se dispuso a seguir trabajando, interiorizándose sobre lo que en ese momento importaba: saber cómo los Álvarez Ortiz se habían quedado con parte de lo que le correspondía a Sebastián.
Entonces lo vio. Dos años después de aquella adquisición, el holding atravesó una crisis que los había llevado a vender una parte a otro accionis