Después del forzado retiro de la oficina de Luciana, Samantha se quedó a solas con Braulio. Aunque quería saber más acerca del repentino viaje de Javier, dudaba si era apropiado preguntar, pero la incertidumbre le pesaba.
—No entiendo por qué Javier se fue así, sin previo aviso. ¿Quién tomará las decisiones sobre los incovenientes que se presenten? —preguntó Samantha, mostrando cierto enojo—. Creo que es de una irresponsabilidad absoluta lo que hizo.
Braulio, el asistente, suspiró profundamente antes de contestar.
—Con el debido respeto, señora, eso es algo que no le puedo responder —dijo, solemne—. Yo jamás cuestiono las decisiones del ingeniero, solo sigo sus instrucciones. Y las suyas fueron que la ayudara en todo lo que necesite, que le facilite lo que me pida sin ninguna restricción. Para ser exacto sus palabras fueron: “No quiero que se sienta una extraña dentro de su propia empresa”. Así que, es lo que pienso hacer.
Las palabras de Braulio dejaron desconcertada a Samantha, quie