Javier cruzó la calle sin apartar la vista de los chicos. La bocina de un auto, lo distrajo por un instante e hizo que los chicos miraran hacia ese lugar dejando de jugar.
—Sebastián —dijo Daniela, entrecerrando sus ojos observando a Javier, señalando con su dedo—. ¿Ese no es el hombre de la fiesta?
El niño paró de jugar y miró con atención.
—¡Es él! —exclamó sonriendo—, pero no sé di deberíamos hablar con él. Mamá se puede enojar si nos ve.
Daniela se cruzó de brazos, haciendo una mueca.
—Pro