—Cómo... ¿Cómo me reconociste? —preguntó estupefacta, tragando saliva—. Me cuidé mucho para que nadie supiera quien soy.
El hombre se puso frente a ella poniéndole las manos sobre los hombros, mirándola con mucho cariño.
—Nena, si no querías que nadie te reconociera, no tendrías que haber escrito sobre nuestras travesuras de adolescentes. Tu personaje y su mejor amigo... hum... ¡soy yo!
Samantha contuvo el aliento, sorprendida y confundida, mientras él la observaba, con la misma picardía de aqu