Horas después, en el hotel...
Javier abrió lentamente sus ojos. Parpadeó ligeramente tratando de fijar su mirada en la habitación que estaba en penumbras.
—Ay... —se quejó entre suspiros, del dolor en sus muñecas—. ¿Qué carajo me pasó? ¿Dónde estoy?
Se sentó lentamente en la cama, mirando a su alrededor. De manera inconsciente se tocó cerca del hombro porque le ardía, como si tuviera una herida y ahí de repente; lo recordó todo:
La fiesta, la extraña mujer con máscara, la apasionada noche que h