El doctor entró de inmediato a examinar a Javier y mientras lo hacía Javier, trataba de mirarlo, como no entendiendo lo que estaba sucediendo.
Trató de decir algo, pero el medico se lo impidió de inmediato.
—Por ahora es mejor que no se esfuerce Javier. Ha logrado hacer algo épico: despertar. No tentemos a la suerte, por favor —sonrió con satisfacción.
Pero Javier, obstinado, negó con la cabeza y se esforzó nuevamente.
—Luna... —susurró, apenas—. Mis hijos...
El doctor, al ver que su paciente no se daría por vencido hasta lograr su cometido, se acercó más a él para poder escucharlo.
—Bien, ya que parece determinado a no hacerme caso, repita lo que dijo —dijo, y aproximó su oído—. Lo escucho.
Javier tragó saliva y lo intentó una vez más con mucho esfuerzo.
—Luna..., quiero ver a Luna —pronunció con determinación.
El médico asintió, sin preguntar más nada, aunque le extrañó el pedido del joven ya que conocía a todos y ninguno se llamaba así.
¿Acaso sería la mujer que había tratado atent