La noticia de la mejoría de Javier corrió como reguero de pólvora. Casi todos los interesados llegaron al mismo tiempo al hospital, encontrándose en la entrada.
Cuando estaban llegando a la habitación del hombre, se encontraron con oficiales de la policía en la puerta y con un hombre que parecía ser un detective haciendo preguntas.
Isabel se quedó congelada, incapaz de reaccionar ante la inesperada presencia policial, y fue Julián quien la sostuvo con firmeza para evitar que se desplomara. En ese momento, Martín, sin titubear, decidió adelantarse y descubrir qué estaba ocurriendo realmente. Se dirigió directamente a uno de los oficiales apostados en la puerta.
—¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Martín, mostrando decisión.
El oficial, manteniendo la calma, le respondió:
—Es mejor que hable con el detective González, señor. Él es quien está a cargo de la investigación.
Sin pensarlo dos veces, Martín arqueó una ceja y se aproximó al hombre que, por su actitud y preguntas, claramente