Después de haber descubierto la verdad sobre su origen, la mente de Luciana se había terminado de sumergir en un oscuro abismo.
Esta verdad, marcaba un antes y un después en su existencia. La revelación no solo alteró su percepción de sí misma, sino que también desató una profunda crisis interna. La oscuridad que la envolvía parecía no tener fin, atrapando sus pensamientos y emociones en una espiral descendente.
En ese abismo, Luciana luchaba por comprender la magnitud de lo descubierto. Sus recuerdos y certezas anteriores se desmoronaban, quedando reducidos a fragmentos confusos. El peso de la verdad la empujaba cada vez más hondo, llevándola a cuestionar todo lo que creía conocer sobre su identidad.
Y llegó a una conclusión aún más errática: nunca podría llegar a ser como Samantha, ni a ocupar el lugar que su prima ocupaba. Nunca podría tener lo que ella tanto anhelaba.
Ya no tenía absolutamente nada que perder. En su retorcida mente, se imaginaba a su enemiga riendo, celebrando jun