Después de escucharla, Samantha sintió que le sacaban una daga del corazón para clavársela en la espalda.
¿Cómo era que la traición siempre había estado dentro de su propia familia? ¿Qué ese hombre siempre había sido amoroso con ella era quien había desatado un caos interminable?
—Por favor, Sam... Gustavo no es un mal hombre... solo se equivocó. ¡Ahora él va a quedar solo! Yo me voy, Luciana sabe la verdad, así que, no quiere saber nada de nosotros... te pido piedad...
Sam arqueó una ceja, mirándola con asombro.
—¿Luciana se enteró que es adoptada? —dijo, llevándose la mano a la boca—, pero... no entiendo nada.
Elena cerró los ojos con fuerza, como si juntar aire fuera cada vez más difícil.
—Sí… —admitió al fin—. Luciana lo escuchó todo—tragó saliva—, escuchó lo que nunca tendría que haber sabido.
Samantha sintió un frío seco recorrerle la espalda.
—Dios… —murmuró Sam—. Si antes me odiaba, no quiero pensar ahora.
—Ella siempre se sintió desplazada —continuó Elena, con la voz quebrada