Después de escucharla, Samantha sintió que le sacaban una daga del corazón para clavársela en la espalda.
¿Cómo era que la traición siempre había estado dentro de su propia familia? ¿Qué ese hombre siempre había sido amoroso con ella era quien había desatado un caos interminable?
—Por favor, Sam... Gustavo no es un mal hombre... solo se equivocó. ¡Ahora él va a quedar solo! Yo me voy, Luciana sabe la verdad, así que, no quiere saber nada de nosotros... te pido piedad...
Sam arqueó una ceja, mir