Samantha se había recostado en su cama después de un largo día de trabajar en la empresa.
Sus hijos habían salido con Damián y Alex al cine para que ella pudiera tener un tiempo de descanso ya que toda la situación que estaban atravesando, la desgastaba física y emocionalmente.
Apenas cerró sus ojos, se quedó dormida profundamente. Se despertó, sorprendida sintiendo unos tibios labios sobre los de ella.
Al abrir sus ojos, se encontró con la dulce y profunda mirada de Martín.
—Te extrañé todo el día —le susurró él, sobre sus labios—. No veía la hora de poder besarte y abrazarte.
Ella alzó sus brazos y lo tomó del cuello.
—¿Y qué estás esperando? —respondió ella, con tono seductor—. Dejá de hablar tanto y besame.
Él acató la orden sin esperar. Podría estar cansado, triste y con miles de incertidumbres que lo atormentaban, pero solo tenía una certeza: que amaba y deseaba a esa mujer como a nadie en el mundo.
El hombre comenzó a besarla sin prisa, como si el tiempo por fin hubiera decidid