Samantha y Martín se apresuraron a ir al hospital, lugar donde se encontraba internada Elena. Durante el trayecto, el silencio pesaba entre ellos, mientras la joven se secaba las lágrimas que corrían por su mejilla.
Martín, con dulzura, intentó consolarla: —Ella va a estar bien, mi amor... No te preocupes. Sin embargo, Samantha negó con la cabeza y suspiró profundamente.
—Es que..., estoy cansada de malas noticias —se quejó con congoja—. Primero Javier y ahora, mi tía Elena —añadió, mirándolo c