Después de una espera que les pareció eterna, el cirujano salió finalmente del quirófano.
Todos se reunieron a su alrededor de inmediato.
—Hemos hecho todo lo que estuvo a nuestro alcance —dijo con una mezcla de satisfacción y cautela—. No voy a mentirles: no puedo decirles que lo peor ya pasó, porque su estado sigue siendo crítico. Pero que haya sobrevivido a la operación es una buena señal. Javier es fuerte, así que tiene posibilidades de salir adelante. En las próximas horas veremos cómo evoluciona.
El silencio que siguió a sus palabras fue espeso, cargado de una tensión que nadie se atrevió a romper. Nadie sonrió. Nadie celebró. Era una esperanza frágil, todavía demasiado reciente como para confiarse a ella.
Isabel fue la primera en reaccionar. Sus piernas flaquearon y tuvo que apoyarse en el brazo de Julián para no desplomarse. Se llevó una mano al pecho y respiró hondo, como si recién entonces el aire volviera a entrar en sus pulmones.
—Gracias… —murmuró con la voz quebrada—. G