El comedor de la mansión Miller era una pieza de museo: techos altos, platería reluciente y un silencio tan tenso que parecía que el aire se iba a quebrar en cualquier momento. Elena y Arthur presidían la mesa. A un costado, Max removía su café con una furia contenida, mientras Briana, sentada a su lado, intentaba —sin éxito— parecer la nueva señora de la casa.
Los pasos de Gabriel e Isabella resonaron en el mármol antes de que ellos aparecieran. Isabella vestía un conjunto de satén verde esmer