Perfume.
—Por Dios, Dante, ese perfume tuyo apesta. ¿Lo estás usando de ambientador o qué? —La voz de Leila irrumpió con desdén mientras subían al tercer piso.
El pasillo, silencioso y apenas iluminado por la luz cálida del atardecer, acentuaba el tono ácido de su comentario.
—Huele horrible.
—Huele… demasiado fuerte, a decir verdad — respondió Dante con el ceño fruncido, su andar desacelerándose al llegar frente a la puerta de su habitación, que, para su desconcierto, estaba entreabierta.
Él no la hab