Nota.
Dante estaba tirado en la cama, los brazos cruzados detrás de la cabeza, con la mirada fija en el techo agrietado. Las imágenes de la mañana en el gimnasio seguían repitiéndose una y otra vez como una maldita película sin pausa. Había intentado todo para no pensar, no sentir… no recordar. Pero nada funcionaba. La habitación era su única barrera contra el caos del mundo exterior, aunque ni siquiera ahí se sentía a salvo.
Vivir en la mansión de su tío había parecido, al principio, una salida fáci