Muriendo...
—Como consecuencia de esta unión y para que todo ello dure, los casados deben guardarse amor, lealtad, compañía y, sobre todo, mucha fidelidad…
La voz solemne del sacerdote flotaba en el aire nocturno, mezclándose con el murmullo lejano de los invitados. El jardín estaba iluminado por una infinidad de luces colgantes, creando un ambiente casi irreal.
Isabella y Lorenzo permanecían en el altar improvisado, viéndose el uno al otro, pero sin decirse nada. Sus ojos hablaban en un idioma silencioso