Te odio.
—Buenas noches… ¿usted es el tío de Dante? — preguntó Cristian, en cuanto vio que un hombre de porte distinguido bajaba de un elegante auto negro.
El brillo metálico del coche relucía bajo las luces tenues del estacionamiento del bar.
—Sí. Lorenzo Santoro —respondió el hombre, extendiéndole la mano con una firmeza propia de alguien que estaba acostumbrado a mandar, no a pedir permiso.
Apenas lo saludó, Lorenzo giró el rostro hacia el interior del lugar y llamó con voz seca:
—Jair.
El capataz,