Este entonces empujó la silla hacia el interior de la casa, siendo seguidos de cerca por Barbara.
—¿Quieres que te ayude a llegar a la habitación? —preguntó una vez en el interior.
—No, gracias; yo puedo hacerlo sola —le aseguró, deseando alejarse de ellos lo antes posible.
—¿Segura? —volvió a cuestionar, deseando poder llevarla hasta su habitación y es que anhelaba pasar más tiempo con ellos.
—Si, claro —le aseguró, convencida de que era de ese modo.
Barbara entonces se agacho para acariciar l