La habitación de Oliver parecía ser espaciosa, pero estaba sumergida en la obscuridad. Las cortinas estaban corridas y las luces apagadas. Había una silla de ruedas sencilla y otra motorizada en una de las esquinas, arrumbadas, tal como si nadie las hubiese utilizado nunca. El resto del mobiliario era demasiado sencillo, a decir verdad. Parecía como si no fuese de él, no había objetos personales.
Al voltear a su alrededor noto otras tres puertas en la habitación, todas las cuales estaban cerrad