A la mañana siguiente, después de que su hermano lo ayudase a asearse; ella entro como de costumbre cada mañana para ayudarlos a vestirse y darle sus medicamentos.
—Le ayudare a alistarse para que baje a desayunar, hoy han preparado su favorito —le dijo, acercándosele con su clásica eficiencia y es que tenían una rutina marcada.
—Prepárame un traje —pidió para su sorpresa, deteniéndola de pronto.
—¿Va a salir? —indago entre sorprendida y temerosa por lo que se pudiera proponer.
—Lo haremos —reco