Los días comenzaron a transcurrir y Emma siguió dándole sus terapias de forma cotidiana y estricta, avanzando cada vez más con el proceso. Hacían ejercicios cada vez más fuertes y es que, aunque fueran difíciles, él no se daba por vencido; luchaba por recuperarse de forma incansable. Por fortuna todo había ido viento en popa y es que su sensibilidad era cada vez mayor; además de que había ganado fuerza en sus músculos.
Por desgracia, no había adquirido movilidad; pero ambos aun tenían esperanza