Me alejo, busco mi manojo de llaves y busco la suya. No suelo utilizarla a menudo, sobre todo cuando él está en la ciudad y no en el recorrido de interminables presentaciones. Pero esto lo amerita, incluso si se enfada. Abro la puerta de sopetón y lo primero que recibo, es el olor a quemado que se impregna en el ambiente.
Corro a la cocina, asustada, y encuentro una olla con un contenido negro, parecido al alquitrán, que expulsa un olor horrible y un humo espeso. Arrojo el bolso y el móvil en