Nos basta poco para llegar, lo cual es un alivio.
Cada minuto dentro del coche, sin noticias de Claire estaba acabando mi poca paciencia.
Entramos en emergencias, con el lugar concurrido, me escondo bajo la gorra oscura y ruego por no atraer la atención de nadie. Gracias al cielo, nos hace falta solo unos segundos para hallar a Natalia sentada en una de las sillas de plástico de la esquina, sola. El lugar se mantiene con un ritmo regular, pero no está abarrotado, por lo que nos aliviana la ta