Capítulo 70. La confesión de Louis.
El pitido rítmico y persistente de los monitores era el único sonido que llenaba la habitación de la clínica. Eleanor estaba sentada junto a la cama, con la espalda demasiado recta y las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos parecían de mármol. Frente a ella, Florence parecía una muñeca de porcelana rota, perdida entre sábanas blancas y tubos que le devolvían el aire que el accidente le había arrebatado.
El parte médico había sido un golpe seco: traumatismo craneoencefálico sever