Mundo ficciónIniciar sesiónHay errores que no se olvidan. Se convierten en vida. Michael Grimaldi fue el mío. El hombre que me enseñó lo que era tocar el cielo… y luego me dejó caer sin piedad. Dos años después, el destino decide cruzarnos de nuevo, cinco pisos de distancia… y un secreto entre nosotros que lo cambia todo. Porque él no lo sabe… pero el mayor error de su vida lleva su apellido.
Leer másHace más de un año que su cara aparece en todas partes. En la televisión, en la radio, en las portadas de revistas. Michael Grimaldi se ha convertido en el empresario del momento, en el hombre perfecto ante los ojos del mundo, en el soltero más codiciado del país. Es ese tipo de hombre con el que muchas sueñan: algunas fantasean con amanecer en su cama, otras con llevar su apellido y unas cuantas con convertirse en su esposa.
Yo no.
Yo sé exactamente quién es… y no tiene nada de perfecto.
Me coloco los auriculares mientras camino la última calle que me separa de mi departamento, intentando silenciar el ruido de la ciudad. La voz de Calum Scott llena mis oídos, pero ni siquiera la música consigue hacer lo que necesito: olvidarlo. Olvidar cómo caí, cómo me dejé envolver, cómo creí en cada una de sus palabras. Respiro hondo mientras avanzo, con una sensación que ya se ha vuelto demasiado familiar.
Fui una estúpida.
Me utilizó a su antojo y la única que pagó las consecuencias fui yo.
Empujo la puerta del edificio y me quito los auriculares.
—Hola, Juan.
—Señorita Jimena, buenas tardes.
Le respondo con una leve sonrisa mientras presiono el botón del elevador. Cuando las puertas se cierran, mi reflejo en el espejo me devuelve una imagen que apenas reconozco. Yo era una mujer feliz, llena de sueños, con ganas de amar y ser amada. Ahora solo queda alguien que aprendió demasiado tarde y que dejó de creer en casi todo.
Casi.
Porque si hay algo que me mantiene en pie… es él.
Bruno.
Las puertas se abren en el quinto piso y camino hasta mi departamento. Apenas introduzco la llave, escucho la voz de mi hermano desde dentro.
—¡¿Quién viene ahí?!
No puedo evitar sonreír.
Al entrar, lo veo sosteniendo a mi hijo en brazos, y todo lo demás deja de importar. Me acerco de inmediato y lo tomo conmigo, llenando su rostro de besos sin control.
—¡Hola, mi príncipe! ¿Cómo está el tesoro de mamá?
Bruno ríe, y ese sonido es suficiente para calmar cualquier cosa dentro de mí. Sus cachetes, su sonrisa, sus ojos color miel… tan hermosos como inevitables. Por un instante, me recuerdan demasiado a su padre, pero corto ese pensamiento antes de que pueda avanzar.
—¿Y a tu hermano no le saludas? — protesta Mario.
Suelto una pequeña risa y lo saludo con dos besos.
—Hola, hermanito del alma. ¿Cómo estás?
—Muy bien. ¿Y tú? ¿Qué tal el trabajo?
Dejo mis cosas sobre el sofá y empiezo a recoger los juguetes que están tirados por toda la sala.
—Bien. Hoy tuvimos una reunión importante y cerramos un contrato grande para una campaña publicitaria. Como siempre, yo soy la consultora principal.
—Nada mal…— comenta.
Levanto una ceja y señalo el desastre.
—Lo que sí está mal es esto. ¿Podrías ordenar, por favor?
—¿Además de niñero quieres que sea el muchacho de servicio?
Lo miro en silencio hasta que termina riendo.
—El desorden no lo hizo tu sobrino de un año, lo hizo su tío de treinta y tres— respondo sin paciencia.
—Está bien, ya lo arreglo…— dice levantando las manos antes de hacer una pausa—. Oye, ¿puedo quedarme esta noche?
—¿Y Sara?
—Discutimos. Me prohibió la entrada a la casa.
—Algo habrás hecho.
—Yo no soy como el cabrón del padre de Bruno— dice sin pensar.
El ambiente cambia al instante.
Mi cuerpo se tensa y lo miro con frialdad.
—Mi hijo no tiene padre. ¿Entendido?
El silencio se instala entre nosotros.
—Algún día tendrás que decirme quién es— insiste.
—No— respondo con firmeza—. Y ya sabes que siempre será no.
Me doy la vuelta antes de que pueda seguir insistiendo.
—Ahora ve a preparar el cuarto. Yo termino aquí y luego preparo la cena.
Mario suspira, pero no dice nada más. Y es mejor así, porque hay cosas que no voy a decir. No lo hago por protegerlo a él; Michael Grimaldi no merece ningún tipo de piedad de mi parte. Lo hago por Bruno.
No quiero que mi hijo crezca bajo la sombra de un apellido que podría destruirlo. No quiero que viva siendo observado, señalado, perseguido. Mucho menos quiero que sepa que su padre nunca quiso saber nada de él.
Bruno merece una vida tranquila. Una vida normal. Y yo voy a dársela… aunque para eso tenga que enterrar el pasado para siempre.
EPILOGO[JIMENA]Un año despuésEl sonido de las risas llena el jardín.Es un caos… pero es nuestro caos.Bruno corre de un lado a otro con esa energía inagotable que parece no tener fin, mientras Lucas intenta seguirle el ritmo dando pequeños pasos torpes sobre el césped. Nerea, en cambio, está sentada junto a mí sobre la manta, completamente concentrada en desarmar una flor como si ese fuera el trabajo más importante del mundo.—Creo que tenemos un problema… —dice Michael a mi lado, observando la escena con los brazos cruzados.—¿Cuál?—Que ninguno de nuestros hijos salió tranquilo.No puedo evitar reír.—Eso es culpa tuya.—No, eso es herencia compartida —responde mirándome de reojo.Giro el rostro hacia él y me quedo unos segundos observándolo. El sol cae sobre su piel, su expresión es relajada, auténtica… feliz.Y todavía me cuesta creer que esta sea nuestra vida.—¿Qué? —pregunta al notar que lo miro.Niego suavemente.—Nada… solo pensaba en lo mucho que ha cambiado todo.Su exp
A PESAR DE TODO[JIMENA]Algunos meses después: 24 de diciembreEsta noche buena es distinta a todas las que he vivido.No solo porque es la primera como esposa de Michael Grimaldi, sino porque también es la primera de nuestros hijos… de todos. Nerea y Lucas ya tienen dos meses y todavía me cuesta creerlo. A veces los miro y siento que el tiempo pasó demasiado rápido, como si apenas ayer estuviese descubriendo que estaba embarazada.Y sin embargo…aquí estamos.Sonrío al recordar la noche buena del año pasado, cuando escapé de todo para estar con él, cuando aún no sabíamos en qué se convertiría lo nuestro y todo parecía incierto. Comparo ese recuerdo con este presente y no puedo evitar sentir que la vida ha sido mucho más generosa de lo que alguna vez imaginé.—¿En qué piensa, esposa mía? —me susurra Michael al oído, rodeándome con sus brazos desde atrás.Su contacto me eriza la piel de inmediato.Siempre lo hace.Apoyo mis manos sobre las suyas y dejo que mi cuerpo se relaje contra e
DOS VIDAS[MICHAEL]Nunca pensé que el miedo pudiera sentirse así, tan lleno, tan real, tan imposible de ignorar. No tiene nada que ver con lo que conocía antes, no se parece en nada a ese miedo superficial que alguna vez sentí cuando todo giraba en torno a mí. Este es distinto, más profundo, porque nace de entender lo que realmente importa. Estoy de pie en la habitación del hospital, sin apartar la mirada de Jimena mientras intenta controlar la respiración entre contracción y contracción, y siento que el tiempo deja de avanzar con normalidad, como si cada segundo se estirara demasiado, obligándome a permanecer en este instante sin posibilidad de escapar.Sujeto su mano con cuidado, intentando transmitirle calma aunque por dentro todo en mí esté en tensión, y cuando ella aprieta con más fuerza entiendo que ya no se trata solo de acompañarla, sino de sostenerla en algo que jamás podré experimentar de la misma forma, pero que aun así me atraviesa por completo. Recuerdo perfectamente el
LA MEJOR VERSION DE MI[MICHAEL]Cuatro meses después: 5 de julioPor fin vacaciones.Después de meses en los que mi vida ha sido un ir y venir constante entre ciudades, reuniones y compromisos, este momento se siente como una pausa necesaria, casi como un respiro profundo antes de todo lo que está por venir. Europa, Latinoamérica… viajes en los que Jimena y Bruno han estado conmigo, acompañándome en cada paso, haciendo que incluso el caos tenga sentido.Ahora, en cambio, todo se detiene.Y lo agradezco.Porque lo que viene… lo cambia todo otra vez.En poco más de un mes, Bruno cumplirá dos años. Todavía me cuesta creer lo rápido que ha pasado el tiempo desde que descubrí que era padre, desde aquel momento que llegó a mi vida sin aviso y lo transformó todo. Y, como si eso no fuera suficiente, dentro de unos tres meses llegarán los mellizos… una niña y un niño que ya tienen nombre, historia y un lugar asegurado en nuestro mundo incluso antes de nacer.Nerea y Lucas.Sonrío al pensarlo.
Último capítulo