Capítulo 19. Un Jardín Expuesto
Eleanor dejó la taza vacía sobre la mesa de noche. Sus dedos aún temblaban, un eco residual de la tormenta que ella misma había provocado en su cuerpo bajo el agua. Se desplomó sobre las sábanas de seda, que se sentían como caricias gélidas contra su piel febril. El agotamiento de la enfermedad, sumado al vacío devastador que deja un orgasmo de esa magnitud —aquella pequeña muerte que la había dejado desprovista de defensas—, la arrastró hacia el abismo. Se quedó dormida así, desnuda y desarmad