Capítulo 13. La Jauría de la Niebla
—¿Dónde? —repitió Eleanor, con la voz quebrada y una nota de histeria subiendo por su garganta—. ¿Dónde demonios vamos a refugiarnos? ¡Aquí no hay nada!
Sus ojos escudriñaban desesperadamente el horizonte, pero solo encontraba el vacío. A su izquierda, el abismo del acantilado; a su derecha, el muro de pinos que crujían como si algo estuviera trepando por ellos.
—Mi cabaña —respondió Elías, sin despegar los ojos de la oscuridad—. Está a pocos metros, tras el recodo del acantilado. Pero tenemos que movernos ya. El viento ha cambiado y los lobos ya no solo nos huelen... nos están midiendo.
Julian soltó un gruñido gutural. Con un esfuerzo que le tensó los tendones del cuello hasta el límite, comenzó a incorporarse. Eleanor se sorprendió por la resistencia de aquel hombre; a pesar de la sangre y el aturdimiento, Julian era imponente, una estructura de huesos largos y músculos sólidos que se negaba a rendirse al barro. Era mucho más alto de lo que parecía cuando estaba tendido, una presen