Capítulo 13. La Jauría de la Niebla
—¿Dónde? —repitió Eleanor, con la voz quebrada y una nota de histeria subiendo por su garganta—. ¿Dónde demonios vamos a refugiarnos? ¡Aquí no hay nada!
Sus ojos escudriñaban desesperadamente el horizonte, pero solo encontraba el vacío. A su izquierda, el abismo del acantilado; a su derecha, el muro de pinos que crujían como si algo estuviera trepando por ellos.
—Mi cabaña —respondió Elías, sin despegar los ojos de la oscuridad—. Está a pocos metros, tras el recodo del acantilado. Pero tenemos