Capítulo 14. El Hambre de Cavendish
El sol de la mañana se filtraba a través de los altos ventanales de la editorial, proyectando rectángulos de luz dorada sobre las alfombras persas, pero el calor no lograba penetrar en el despacho de Marcus. El ambiente se había vuelto gélido, casi irrespirable, desde que Blair Cavendish cruzó el umbral sin que nadie pudiera —o se atreviera a— detenerla. No era solo su presencia; era el rastro de un perfume costoso y asfixiante, una mezcla de sándalo y ambición que parecía reclamar el oxígeno de la habitación.
Como directora de Cavendish Editions, la principal y más encarnizada competidora de la firma, su presencia en el edificio de Aethelgard Press resultaba antinatural. Se movía por el despacho con una parsimonia depredadora, como la de un coleccionista de arte examinando una pieza valiosa en una subasta forzada, calculando mentalmente cuánto le costaría desmantelar aquel imperio de letras y prestigio.
Blair depositó su bolso de piel de cocodrilo sobre el escritorio de Marcus con un