Capítulo 14. El Hambre de Cavendish
El sol de la mañana se filtraba a través de los altos ventanales de la editorial, proyectando rectángulos de luz dorada sobre las alfombras persas, pero el calor no lograba penetrar en el despacho de Marcus. El ambiente se había vuelto gélido, casi irrespirable, desde que Blair Cavendish cruzó el umbral sin que nadie pudiera —o se atreviera a— detenerla. No era solo su presencia; era el rastro de un perfume costoso y asfixiante, una mezcla de sándalo y ambición que parecía reclamar el oxígeno d