Sophia aprovechó que otra persona estaba cocinando para retomar con su tejido. Tomó la bufanda todavía sin terminar y continuó con el vaivén de la aguja de crochet.
—¿Siempre tejes sola? —preguntó Gabriel de pronto, observándola sobre el hombro.
—Casi siempre —respondió Sophia, sin levantar la vista del tejido—. Es una de esas cosas que es mejor hacer sin compañía. Como llorar, o leer poesía rusa.
Esa última declaración sorprendió a Gabriel.
—¿Poesía rusa? —repitió, alzando una ceja mientras co