Rex ya estaba en la cama antes que ella, ocupando su lado como un centinela peludo, con la cabeza apoyada en la almohada y las patas estiradas como si fuera dueño del lugar. Sophia sonrió apenas al verlo así, con esa fidelidad tranquila que no pedía explicaciones ni ofrecía promesas. Solo estaba. Como había estado cada noche desde que Thomas se fue.
Apagó la luz del velador del pasillo y caminó hacia su cuarto con la taza vacía en una mano y el celular en la otra. Lo dejó todo en su mesa de noc