Mientras todos se ponían de pie para recibir al juez y al jurado, Thomas tenía la mandíbula encajada y se torcía un dedo con nerviosismo. Su postura de pie sólo duró un par de segundos, porque nuevamente tomó asiento mientras el juez Samuelson revisaba sus apuntes y corroboraba la siguiente prueba.
—¿Los abogados están listos para continuar? —preguntó el magistrado. Con el asentimiento de ambos profesionales, el juez ordenó que el juicio proceda.
Retomando su papel de abogado de la defensa, Cha