El departamento de John era un oasis caótico: estanterías con libros desordenados, una guitarra eléctrica recostada sobre un sillón y el olor tenue a café recién hecho colándose entre los espacios. Sophia siempre había sentido que ese lugar le recordaba su infancia, aunque nunca hubieran vivido juntos de adultos. Había algo en la luz, en el desorden amable, en la taza de cerámica mal reparada que él usaba desde hacía años.
—¿Quieres té o café? —preguntó John desde la cocina, sin asomarse.
—Café