El viento soplaba con una intensidad irregular, cargado de polvo, de hojas secas, y de esa electricidad estática que antecede a las tormentas que no terminan de llegar. El cielo era una losa de nubes grises. En el campo de entrenamiento de la selección, las voces quedaban atrapadas en el aire, disueltas entre silbatos, zancadas y el golpe sordo de los cuerpos contra el césped.
El equipo nacional entrenaba con una intensidad que rozaba la obstinación. Algunos tenían barro hasta las orejas. Otros