Helena, luciendo ese atuendo de entrecasa y prácticamente despeinada, se corrió un mechón de la cara y observó a Thomas con una promesa de venganza en sus ojos.
«Si yo caigo, te arrastro conmigo», la promesa de Helena se reprodujo en la mente de Thomas. El rugbier inspiró continuamente y contuvo la respiración.
El abogado de Gabriel, Jona Hilton, se acercó al estrado con una carpeta en la mano y una sonrisa profesional en el rostro.
—Señora Billis, gracias por estar aquí. Sé que esto no es fáci