Mientras esperaban que los quince minutos de receso terminen, Gabriel se movía incómodo en la silla.
—Esto no está bien —masculló enojado, girando su asiento de izquierda a derecha tratando de concentrarse—. Dijiste que el testimonio de la madre de su hijo iba a hacerlo alterar en medio de la audiencia y no fue así. Tenemos que presionarlo hasta que el maldito pierda los estribos.
—Gabriel, esto no es tan sencillo como piensas. Si de verdad el tipo ha cambiado, pues tenemos que cambiar de estra