El Instituto Ríos amaneció envuelto en una bruma grisácea que parecía aferrarse a las paredes de cristal de la nueva ala de investigación. Tras el escándalo mediático del Miami Chronicle, el edificio ya no se sentía como un santuario, sino como una fortaleza sitiada. Sin embargo, para la Doctora Camila Ríos, el trabajo era la única respuesta válida ante la calumnia.
Camila estaba en su oficina, rodeada de expedientes de pacientes candidatos para la fase tres del Protocolo Ríos. Necesitaba un éxi