La casa segura en Key Biscayne, la “Fortaleza de Cristal”, nunca había sido tan necesaria. Alexander llegó al amanecer, envuelto en una manta oscura, su cuerpo entumecido y su mente embotada por el interrogatorio de alto voltaje al que había sido sometido.
El Señor Sterling y la abogada Hale se quedaron atrás, gestionando la fianza y el monitoreo electrónico que Alexander llevaba ahora en el tobillo. En el vestíbulo de mármol, bajo la luz suave y matutina, Camila lo esperaba.
Cuando sus ojos se