El silencio en la mansión Blackwood no era de paz, sino de sepulcro. Habían pasado seis meses desde la explosión en los Everglades. Seis meses desde que el nombre de Alexander Blackwood dejó de pronunciarse en los titulares financieros con temor para ser susurrado en los callejones con ambición. Los buitres no esperaban a que el cuerpo se enfriara; les bastaba con que el cerebro estuviera apagado.
Camila se miró en el espejo del vestidor principal. La mujer que le devolvía la mirada no era la d