Elisa Reed no nació en la opulencia, aunque su nombre terminaría figurando en las listas de las mentes más brillantes de Silicon Valley. Su historia comenzó en una pequeña casa de madera en las afueras de Seattle, donde el cielo siempre es de un gris nostálgico y el olor a lluvia es la banda sonora de la infancia. Desde muy pequeña, Elisa fue una niña de una curiosidad voraz. Mientras otras niñas pedían muñecas, ella pedía viejas calculadoras y radios descompuestas para entender cómo "pensaban"